La representación cinematográfica de la Gran Guerra

El Cine bélico, es el género que ha narrado la guerras y batallas de los grandes conflictos armados a partir del siglo XX, se presenta en su forma más pura, la de contar los hechos, pero también como un producto de entretenimiento puro o como un manifiesto antibelicista. Sin entrar a aportar una lista de títulos, este género puede organizarse en función de los conflictos. Así, tendríamos la Gran Guerra, la II Guerra Mundial, la Guerra de Vietnam y las guerras tras Vietnam. Quizá podríamos comenzar a tejer un nuevo grupo, el de la guerra global contra el terrorismo, en donde se incluirían los episodios del Líbano, Somalia y, fundamentalmente, Iraq y Afganistán: más la lucha contra un enemigo invisible, al-Qaeda y sus secuelas. Curiosamente, es Hollywood, más bien la industria cinematográfica estadounidense, quien ha asumido casi en exclusividad la producción de este tipo de cine. Mientras que en otros países, fundamentalmente europeos, el cine bélico se utiliza como soporte para el nacionalismo y para reivindicar o actualizar ciertos episodios. En Argentina, Iluminados por el fuego (2005) de Tristán Bauer, indaga en la Guerra de las Malvinas y sus secuelas. Así, en España, no encontramos con la Guerra Civil, como temática principal. En Alemania, con títulos como Das boot (El submarino) (1981), Stalingrado (1993) o El Hundimiento (2004), que quiere aportar perspectiva, a veces muy crítica, de los vencidos. Indigènes (Días de gloria) (2006), una coproducción argelina, marroquí, francesa y belga, sobre las tropas indígenas de las colonias francesas en su participación en la liberación de Francia. Finalmente, incluimos Silencio en la nieve (2011), de Gerado Herrero, sobre la participación de la División azul en el frente ruso.

Si nos fijamos en los medios visuales, como la fotografía y los camarógrafos, la Gran Guerra fue un conflicto vacío. Los militares se opusieron a que los reporteros gráficos fotografiaran los campos de batalla. Algo similar ocurriría con los camarógrafos cinematográficos, que aunque militarizados, apenas pisaron el frente. Sin embargo, sí es un tema de inspiración para los guionistas. Varios son los títulos significativos: The Big Parade (El gran desfile) (1925), de Kin Vidor; Wings (Alas) (1927) de William A. Wellman; All quiet on the Western Front (Sin novedad en el frente) (1930), de Lewis Milestone, las tres de nacionalidad norteamericana; y Westfront 1918 (Cuatro de infantería) (1930), de Georg Wilhlm Pabst y de nacionalidad alemana. La Revolución Rusa, aunque es un fenómeno propio, no deja de ser un episodio contiguo a la Gran Guerra, por lo que conviene recuperar algunos de los títulos, obras maestras de la propaganda soviética: El acorazado Potemkin (1925) y Octubre (1928), ambas de Sergei M. Eisenstein. Todos estos títulos son un extraordinario reflejo del cine mudo.

Senderos

Senderos de gloria (1957), Stanley Kubrick. Fotograma

Manteniéndonos dentro de este conflicto planetario conviene recordar otros títulos indispensables, tanto por el argumento, por la calidad del filme o simplemente por su repercusión. Adiós a la armas (1932), de Frank Borzage, con cierto trasfondo antibelicista. El sargento York (1941), del estadounidense Howard Hawks, ensalza a un héroe de la América profunda, con una gran carga patriótica y de propaganda que busca crear un ambiente prebélico. Senderos de gloria (1957) de Stanley Kubrick es una de las obras maestras del género. Con una profunda convicción-contradicción antibelicistas, que también se verá en La chaqueta metálica, cuenta con una las mejores secuencias del género. Johnny cogió su fusil (1971), de Dalto Trumbo, estadounidense, también antibelicista aunque dirigida a la Guerra de Vietnam. La gran guerra (1959), del italiano Mario Monicelli, para el frente italiano. Gallipolli (1981), de Peter Weir, es la aportación australiana al género, describiendo el terrible episodio de la campaña de Gallipoli en Turquía. La batalla de Passchendaele (2008), de Paul Gross, dedicado al Cuerpo Expedicionario Canadiense participante en este episodio, uno más sangrientas de la guerra ocurrido en 1917 en los alrededores de Ypres, Bélgica. El león del desierto (1981), de Moustapha Akkad, una coproducción libia estadounidense, que narra la historia de Omar Mukthar, rebelde musulmán contra la conquista italiana de Libia durante la I Guerra Mundial. Lawrence de Arabia (1962), del británico David Lean, en donde se narra la vida épica de una de las figuras del ejército británico. Los último títulos incorporados a la lista, son francesa Capitan Conan (1996, Bertrand Tavernier) y, aunque no es de mi agrado, War House, (2011, Steven Spielberg), que al menos cuenta con algunas secuencias interesantes. También de Lean es Doctor Zhivago (1965), personaje inmerso en la una revolución bolchevique rodada en España. Una más sobre la Revolución es Rojos (1981), de Warren Beatty.

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